15 octubre 2025.
Sin consentimiento
Ayer conocimos la noticia -nada sorprendente- del fracaso de la OPA del BBVA sobre el Banco Sabadell. Lo interesante, más allá de los asuntos económico-financieros, se encuentra en el ámbito político. El independentismo catalán, después de cuarenta años de proselitismo cultural -en la Cataluña española de 1978-, ha extendidos sus tentáculos a todos los ámbitos sociales, rasgo principal de los totalitarismos. Y prueba de ello es el fracaso de la OPA. Con la mayor parte de su actividad bancaria en Cataluña, con la oposición de los partidos independentistas -ERC y JUNTS-, y la oposición del gobierno central, además de la campaña catalanista en medios de comunicación dirigida a los pequeños accionistas soberanistas, a nadie puede sorprender que BBVA no haya alcanzado, ni tan siquiera, el 30% del accionariado. No podríamos esperar otra resolución del proceso una vez perdida la batalla más fundamental de todas: la cultural. Cataluña ha sido entregada a las políticas de reeducación del independentismo como moneda de cambio para facilitar los gobiernos centrales, tanto del PSOE como del PP. Un hecho lamentable, irreversible a corto plazo, solo imputable a esas estructuras de poder que nos roban la soberanía y la democracia al ciudadano español, llamadas partidos políticos, y que por su avidez al dinero, a la vanidad y al poder son capaces de poner en peligro los pilares de nuestro sistema constitucional: la unidad de España, y la igualdad de todos frente a la ley. Menudo error de cálculo -y eso que su negocio son los números- el de los consejeros del BBVA al no tener en cuenta que la OPA no la ejercían sobre una entidad bancaria, sino sobre un sociedad políticamente parasitada por el independentismo, también bancario.





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